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lunes, 23 de mayo de 2016

En la cama con Hamlet

Como ya dije en este blog, anoche no tenía interés ninguno en el partido de fútbol. No vi la final de la Copa, no os podéis imaginar cuánto me alegré. Anoche estuve viendo Hamlet, el último montaje de Kamikaze Producciones, con guión a cargo de Miguel del Arco. Maravilloso: dos horas y media estuve inmersa en la inconsistencia del ser, ese espacio que fluctúa entre la genialidad del lunático que planea y el sufrimiento del humano que se arrastra a ras del suelo.

Versionar un clásico siempre es arriesgado: si es un éxito, el mérito se lo lleva el original, si no lo es, resulta vulgar. El único terreno seguro en este ámbito es el conocimiento profundo del texto original, bucear en él y cuando ya se conocen todas sus grutas, atreverse a salir a respirar e insuflar de ese aire la obra clásica. No se trata de mejorar lo inmejorable, sino de personalizar la perfección. Viendo este Hamlet me preguntaba cuántas veces habría pensado Del Arco "ojalá se me hubiera ocurrido esto a mí", enfrentado al texto de Shakespeare, seguramente las mismas que yo pensé "ojalá hubiera escrito yo esta versión", mientras disfrutaba del guión de su Hamlet. Del Arco ha creado una adaptación moderna, respetuosa, divertida, conservadora a ratos y atrevida otros, innovadora, sensible...ha hecho metateatro y todo esto como hacen los grandes genios: sin salir de la cama.

Para la mayoría de las personas, el tema principal de Hamlet es la venganza. Es lo que hace interesante al protagonista para el espectador: su lucha interna por ahogar la sed de venganza que lo tortura. Venganza, culpabilidad y castigo son tres componentes de la naturaleza humana que, por su mala prensa, son desterrados normalmente de nuestra imagen pública, lo que Freud llamó el superyó. Ver a Hamlet retorcerse torturado por ese deseo de venganza es para el espectador una catarsis: regocijarse en secreto por un sufrimiento ajeno, que para todos alguna vez ha sido propio, Mi propia catarsis ocurrió justo al principio de la obra, cuando vi a Israel Elejalde con el torso desnudo, como el monstruo de la escena que es, dejando que sus músculos pasaran del éxtasis a la relajación al compás del monólogo.

Para una psicóloga, como es mi caso, el tema principal de Hamlet es la distorsión cognitiva, la eterna pregunta que nos acosa: ¿es real lo que vemos o lo que sentimos? Hamlet pasa toda la obra eligiendo caminos que lo llevan al destino que quiere evitar, equivocándose, temiendo enfrentar una realidad inaceptable, actuando con cordura cuando se finge enajenado, convirtiéndose por momentos en un personaje tan deleznable como su antagonista. El intelecto de Hamlet se enfrenta a lo que sus visceras le exigen y todo esto se desgrana en monólogos, disquisiciones y diálogos, imposibles de seguir para el público, si no es conquistado desde el principio, como yo anoche, que fui seducida en la intimidad del dormitorio desde la primera escena.

Ya me habían hablado de las escenografías simples de Kamikaze Producciones y yo siempre contesto lo mismo: cuando la escenografía es minimalista, el trabajo actoral debe ser magnífico. Anoche no me decepcionaron. Ayer estuve con Hamlet en la cama, y desde el borde de la cama fui conociendo a cada personaje, cada recoveco de la historia. Elejalde me conquistó desde el principio por su capacidad para vocalizar sin que el público se perdiera una sola palabra, modulando la textura de su voz al ritmo frenético y bipolar de los cambios emocionales de Hamlet y moviendo a la vez todo su cuerpo por el escenario con el mismo frenesí. Ángela Cremonte pasó de ser la Ofelia más clásica a la más rompedora sin inmutarse, actriz todoterreno, cantante sorprendente antes de su suicidio. Daniel Freire me envenenó con sus encantos. Ana Wagener me llevó de la lujuria al miedo, y Jorge Kent y José Luis Martínez fueron los enterradores que más me han hecho reír en toda mi luctuosa historia.

Y cuando ya era tan feliz que no podía esperar más, llegó la escena del duelo con esa magnífica coreografía de esgrima. Y valió la pena haber esperado a Laertes desde su viaje a Francia a principios de la obra, aunque no había dejado de disfrutar de Cristóbal Suárez. Recuerdo que pensé: "Flynn en el teatro Calderón", porque como Errol, Suárez y Elejalde se convirtieron en maestros de esgrima en un espacio tan reducido que da vértigo pensarlo.



Este Hamlet me ha transformado. No sé qué ha sido, qué recurso escénico me ha gustado más: los guiños de actualidad del guión, la versatilidad de una cortina, las canciones, la iluminación de una precisión exquisita,el humor en cada giro del diálogo....Sólo puedo decir que entré siendo una espectadora, y me habéis convertido en kamikaze.





sábado, 21 de mayo de 2016

Pon en tu vida un escocés

De todas las combinaciones absurdas del mundo, fútbol y política es la que peor llevo, probablemente porque la segunda es demasiado seria para tomarla a chanza y el primero demasiado ocio para ser tribuna. Llevo toda la semana viendo cómo la sección de deportes invade el informativo y medio país se olvida de la noticia importante: que vamos a la deriva hacia otras elecciones que son un desencuentro anunciado. Por tanto, no es de extrañar que este mediodía estuviera de muy mal humor oyendo hablar de nuevo de lo mismo y esperando la decisión de un juez acerca del tema. Media España irritada porque la supuesta bandera enemiga no podía estar presente en la copa del monarca del país opresor, la otra media rebuznando en pro de la libertad de expresión y ahí estaba yo, con mi comida favorita (menestra de verduras) divirtiéndome por primera vez en toda la semana con los informativos.



Soy republicana, internacionalista y del Betis. No iría mañana al Vicente Calderón ni aunque repartieran menestra en raciones. Además, me da igual si un día de éstos Cataluña decide independizarse, así Teruel será perfecto porque tendrá salida al mar. Reconozco que me hace menos gracia cuando me incluyen en ese grupo denominado "el español opresor", más que nada porque al haber sido la primera Comunidad Autónoma en pedir el rescate, deberían usar un tono menos ofensivo. No entiendo el nacionalismo exacerbado más que en casos de vida o muerte, como cuando Vela Bartok salvó miles de canciones de los campesinos polacos de las hogueras nazis, arriesgando su propia vida en el intento. No me parece que el caso de Cataluña sea de vida o muerte, también creo que hay muchos catalanes a los que este proceso de autodeterminación les está determinando la vida y desde luego no creo que tenga que armarse tanto revuelo por un partido de fútbol en territorio "enemigo", parece que nadie se ha planteado la opción de no jugarlo.

Pues bien, esta tarde me divertí con los informativos porque antes de que el juez de lo Contencioso Administrativo número 11 de Madrid decidiera que permitía las esteladas en el partido, nuestros oprimidos independentistas se habían dedicado a hacer campaña de rebeldía en las redes sociales, proponiendo acciones de lo más variado que iban desde llevar en trocitos su adorada bandera para componerla más tarde en el estadio hasta llevar masivamente banderas de Escocia porque Escocia es un ejemplo para ellos a seguir, y eso que los escoceses dijeron que no. Y los informativos, que han seguido dándole prioridad al fútbol por encima de la política nacional a pesar de estar en precampaña, hacían reflexiones sobre el parecido entre la bandera escocesa y la bandera de cierta provincia canaria. Me recordaba un chiste que me habían mandado esta semana por whatsapp y decía algo así como que un hombre era capaz de distinguir siete colores y  una mujer veintiocho, así que yo me imaginaba Anna Gabriel y sus secuaces usando su condición femenina para desechar con desprecio las banderas de Tenerife en las puertas del Vicente Calderón y de verdad que me estaban alegrando la menestra.

Llevar banderas de Escocia a la final de la Copa del Rey es tan absurdo como como el hecho de que un equipo cuyos seguidores pitan al himno nacional la juegue. Creo que si William Wallace levantara la cabeza les haría a los de la CUP el mismo calvo colectivo que Mel Gibson hace en la película. Menos mal que les dejan llevar las esteladas, es menos ridículo. A lo mejor antes de que se juegue el partido alguien vuelve a denunciar porque los del Sevilla promocionan con su equipación a los pueblos blancos de Cádiz y el gazpacho andaluz. A todos los que como yo estáis hartos de tanta sandez colectiva os sugiero que pongáis un escocés en vuestra vida pero que esté hecho de malta, o en su defecto, que tenga tan buen culo como Mel Gibson.



sábado, 14 de mayo de 2016

No me salves

Mario Benedetti tiene un maravilloso poema que se llama No te salves, muchas veces me dan ganas de gritar esa frase cambiando el pronombre, como en el título de esta entrada. Me pasa siempre que alguien viene a ofrecerme el paraíso con forma de solución a todos mis problemas, reales o supuestos. Hoy me ha pasado, y ha sido con el vídeo publicitario de una empresa que, aunque me merece respeto, considero que esta vez ha metido la pata. La publicidad con frecuencia vende emociones, pero si esas emociones cargan contra el 50% de la población, se convierte en una estrategia empresarial nefasta.



A saber, la liberación de la mujer no pasa por irse a cenar un día con amigas (a un restaurante donde sólo hay camareras y cocineras, por cierto), saltarse el gimnasio, dejarse sustituir por el marido con los niños, no casarse, no tener hijos o aceptar que se tienen patas de gallo. Y no lo es, sencillamente, porque la esencia de ser mujer, no consiste en parir, casarse, tener un cuerpo diez toda la vida y encargarse exclusivamente de los hijos. Este vídeo me parece sexista y vulgar, porque usa estereotipos que son divertidos para un guión de monólogo o para una tarde de barbacoa, pero me ofenden como mujer, y entiendo que por su contenido puede ofender también a muchos hombres.

Nadie puede negar que Mujeres al borde de un ataque de nervios, cinta en la que está inspirado este spot publicitario, es una gran película, original y atrevida en su estética y en su planteamiento, pero desde mi punto de vista, Almodóvar había hecho cuatro años antes ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, que es una de mis películas favoritas y además denuncia y refleja la triste realidad de muchas mujeres españolas a finales de los 70 y principios de los 80. Mujeres nacidas en democracia, o casi, muchas de ellas concebidas por sus madres con la esperanza de que se erigieran como mujeres libres, equiparables a las que en Europa habían conquistado la igualdad de géneros, pero que en este país siguieron siendo minoría en la universidad, casi inexistentes en los puestos directivos y repudiadas socialmente si no se decidían a formar una familia.


La situación de la mujer hoy es distinta, aunque esta campaña publicitaria no parece reconocerlo. Estoy casada, tengo hijos, hago deporte y uso cremas faciales para paliar mis numerosas patas de gallo, y todo eso lo he elegido yo, todo eso no me convierte en una pobre mujer sometida. Yo he planificado mi maternidad, cosa que no pudo hacer mi vecina Carmen, de 56 años, que tras su cuarto hijo suplicó al ginecólogo que le ligara las trompas porque su marido estaba en paro, y éste por supuesto se negó. Tuvo seis hijos. Yo tengo tres licenciaturas, pero Carmen no pudo terminar el instituto y siempre habla muy bien de su difunto esposo porque la animaba a ir a la peluquería una vez en semana. No pudo trabajar, pero fue cocinera, limpiadora, pediatra, psicóloga, ordenatodo y nunca se consideró estresada, porque no conocía el significado de la palabra "estrés".



¿Quiero decir con esto que todas las mujeres hoy día tienen tanta suerte como yo de poder elegir su vida? No, pero tampoco lo tienen tan difícil como Carmen. Ya he dicho más veces que no voy a apoyar nunca la lucha por los derechos de la mujer si se convierte en una guerra que vengue al hombre por siglos de opresión. Mirar hacia atrás con rencor no nos va a ayudar a construir un futuro en común. La otra opción es construir una sociedad sólo de mujeres, como el restaurante del anuncio, pero biológicamente aún no es muy viable, y además yo no la quiero.

¿Cuál es el camino entonces? Educar, educar, educar. Somos un modelo para nuestros hijos, y con tristeza escucho decir con orgullo a niñas de doce y trece años que tienen "novio", palabra que nosotras no usábamos en el instituto. Con tristeza veo que cada día se repiten los asesinatos y la violencia familiar con tintes de venganza (haciendo daño a los hijos del otro o a los que se han tenido en común). Con bochorno veo que quienes defienden a capa y espada los supuestos derechos usurpados a la mujer nos ridiculizan con propuestas como el sangrado libre o que combatir el dengue es machismo porque es la hembra del mosquito la que lo transmite. Hay días en que después del informativo matinal ya creo que la última guerra mundial va a ser una guerra de sexos, y hasta caigo en la trampa de pensar que nos lo merecemos.

Sin embargo, tengo dos hijas y no me pienso rendir. Pienso seguir ejerciendo mi libertad como he hecho siempre, sin cuestionarme si el hecho de tener vagina me convertía en un ciudadano de segundo grado, sin sentirme oprimida por el otro sexo, sin miedo a expresar mi opinión, manifestando mi feminidad como crea conveniente en cada momento y en cada etapa de mi vida. No pienso tolerar ninguna discriminación por cuestión de género en mi entorno, ningún desprecio, pero a cambio yo pido a todos los que están trabajando para promover el odio entre sexos que no me salven.

viernes, 6 de mayo de 2016

Segundas nupcias

En cierto pueblo cuyo nombre no mencionaré porque aún tengo allí familia extensa, situado en lo más profundo de la Andalucía profunda, como tantos otros pueblos de esta España profunda y dividida, tienen una costumbre extraña cuando una jovencita se casa con un viudo en lo que se ha venido a llamar, segundas nupcias. Todo el pueblo (y cuando digo "todo" me refiero a la globalidad, sin que falte uno sólo de los habitantes) se planta la noche de bodas a pie de balcón de los recién casados y les monta un escrache, dicho en lenguaje cristiano, una cacerolada por todo lo alto. Objetivo: para que cese el escándalo, los presentes se vayan a sus casas y la noche de boda pueda continuar con el programa supuesto, la novia tiene que salir al balcón y gritar :"¡me arrepiento!¡me arrepiento!". 


Como las tradiciones nunca son tan simples como la vida moderna, todo esto va acompañado de una cancioncilla que recitan los caceroleros y hace alusión a una supuesta arrepentida años, décadas o quizás siglos atrás, quién sabe. ¿Que por qué cuento todo esto? Porque en estos días veo con horror en los informativos que vamos a gastarnos un dineral en otras elecciones, lo que supone unas segundas nupcias se podría decir, y la mayoría de los españoles nos vamos a casar con el mismo, o eso aseguran los sondeos preelectorales que deberían llamarse "interelectorales". 

En éstas me acuerdo de la ingenua Tusitala que aquel 5 de diciembre sufría de indecisión y tenía miedo a pasar cuatro años, 1460 noches, en vela por no haber contribuido con mi voto a convertir España en un país más justo, menos corrupto, más coherente, más moderno, más de todos. El pueblo español se pronunció el 20D y fue un pronunciamiento plural, como lo es la realidad de este país. Les pedimos a los políticos que hablaran, que se pusieran de acuerdo. Hubo una participación de más del 73%, aunque a mí nadie me dio las gracias por ir a votar. 




Al día siguiente una ola de euforia política invadió España entera: todos los partidos habían ganado, o al menos eso decían. Un día más tarde, la sagrada lotería de Navidad y más allá, la vorágine de las fiestas. Nos tocaba esperar, este país se paraliza en todas las fiestas católicas. Tocaba ser comprensivos, todo cambiaría a partir de enero, y a mejor, con las buenas intenciones del nuevo año, natural y legislativo. Bueno, como dicen en mi tierra, tampoco hay que ser agonía: no iban a ponerse a trabajar el dos de enero, que estarían muy ocupados yendo al gimnasio, quemando las cajetillas de tabaco, empezando su dieta, etc. Luego vinieron los Reyes, no los de Zarzuela, sino los de Oriente (más exóticos pero igual de ficticios, para el caso) y siguió corriendo el calendario....

Por fin llega el 13 de enero, esto se pone emocionante. Y efectivamente, desde entonces hemos visto muchas emociones y poca política: ha habido protagonistas curiosos, como un bebé, un tipo con rastas, otro disfrazado de Quijote y liderando a todos, como un maestro con pocas tablas, un presidente del Congreso que no ha sabido "controlar la clase". El 14 de enero yo aún me estaba recuperando de haber visto ríos de tinta y pixeles hablando de las rastas de un diputado. A ver, desde luego lo más importante es lo que tienen del cuello para arriba, pero sin pasarse.


Pablo Xavier cuando fueron sólo uno (léase con acento venezolano)


Esta corta legislatura se ha parecido tanto a una telenovela, con episodios de amor, odio, rencor, infidelidades....que no entiendo cómo se atreven a pedirnos el voto en segundas nupcias. Me vuelvo a declarar indecisa y estoy a punto de decir que no creo en el amor. En lo que sí creo es en el poder del dinero, y por eso me gustaría que sus señorías nos devolvieran los devengos cobrados por un trabajo no realizado, ideales para sufragar las elecciones del 26J. En cuanto termine esta entrada, voy a poner el canal de telenovelas de mi televisor y no me va a mover de ahí ni Bob Esponja, y eso que me encanta. Y por favor, señores candidatos, no se presten a hacer otro debate televisivo, si quiero ver un festival de la horterada, el día 14 de mayo es Eurovisión.


Bob for president




jueves, 28 de abril de 2016

Si no bailas, estás muerto

Cuando alguien me pide consejo como psicóloga porque se encuentra anímicamente mal, le suelo hacer un pequeño test de fabricación casera a modo de sondeo, y una de las preguntas que siempre hago es ¿cuándo fue la última vez que bailaste? Obviamente mi interlocutor me suele mirar con cara de sorpresa mientras piensa "le acabo de confesar que estoy por los suelos y ésta me pregunta si le pego al rock and roll". Entonces yo le suelo contestar: "si no bailas, si no sigues una melodía con los pies o las manos, si no tarareas, ni cantas, ni silbas, si no tienes concentración para leer ni para dibujar....es porque estás demasiado centrado en el foco de tu problema, y por eso te sientes tan mal". Mi interlocutor suele suspirar y me mira pensando "al menos se ha enterado de que estoy mal". Y yo sigo: "si no bailas, estás muerto: los muertos no bailan". Esto último lo digo en tono de broma, pero la respuesta que me dan me aporta mucha información sobre el estado real de la persona.

No siempre vamos haciendo piruetas por la vida


Hoy es el Día Internacional de la Danza y como no es mi profesión pero es un arte que admiro profundamente, me gustaría hablar de los beneficios terapéuticos de la misma, desde el punto de vista de la Psicología. En este sentido, tengo que empezar diciendo que, como las demás artes, se puede disfrutar como consumidor pasivo, pero sus efectos terapéuticos sólo se notarán cuando uno ejerce el rol de creador, que es el papel activo. 

La principal ventaja de la danza respecto a las otras artes es que mejora nuestro nivel de oxígeno (lo siento mucho por la poesía y la música, que también me encantan y son terapéuticas). Un cerebro oxigenado es un cerebro que realiza mejor sus procesos cognitivos, que es capaz de "rebatir" sus propios sesgos (los errores del pensamiento patológico), es más creativo y por tanto, es más capaz de encontrar soluciones a los problemas. ¿Qué hacen las personas que están psicológicamente mal? Se encierran en ambientes poco ventilados, privando a sus cerebros de este oxígeno tan necesario.

Actualmente hay tres grandes tipos de trastornos psicológicos que afectan a un alto porcentaje de la población, y tienen que ver con la forma que tenemos de afrontar los acontecimientos negativos (lo que llamamos problemas) de la vida:
  1. Si el problema nos aplasta como una losa, podemos padecer un trastorno del estado de ánimo.
  2. Si el problema viene con nosotros a todas partes, podemos padecer un trastorno de ansiedad.
  3. Si nos evadimos del problema ejecutando una misma acción de forma obsesiva, podemos sufrir un trastorno adictivo.
Es decir, simplificando mucho el tema y hablando un lenguaje coloquial, un depresivo necesita que algo lo obligue a levantar su losa, un ansioso necesita un distractor para olvidarse por un momento de su problema y un adicto necesita una actividad incompatible con su adicción. La danza proporciona todo eso y mucho más:
 
Fred y Ginger compenetrados
  • Es un ejercicio aeróbico, por lo que el oxígeno no sólo llega a nuestro cerebro, sino también a nuestros músculos a través de un mejor riego sanguíneo, mejorando el estado físico general.
  • La percepción musical que conlleva bailar mejora nuestro funcionamiento cerebral, puesto que la música se percibe en distintas áreas de los dos hemisferios cerebrales que se comunican entre sí al escuchar una melodía, es decir, la música "engrasa" nuestro engranaje cerebral.
  • Bailar puede requerir una alta concentración que sirva como "distractor": mientras tu cuerpo intenta traducir el lenguaje musical en expresión corporal no puedes centrarte en tu problema.
  • Bailar a veces requiere empatía y comunicación no verbal, por lo que mejora nuestra capacidad social y la red que mejor puede salvar al individuo de caer en el vacío de un trastrono psicopatológico es la red social.
  • La danza también puede servir como medio de liberación de tensiones, es un relajante natural y genera endorfinas, por lo que ayuda a conciliar el sueño, evitando otro problema asociado a los trastornos psicopatológicos.
  • La mejoría física producida por la danza también ejerce un efecto positivo sobre nuestra autoestima y  autopercepción.
  • La danza es una forma de expresión de nuestras emociones más íntimas, a las que necesitamos dar salida, pero que nunca expresaremos con palabras.
  • Bailar es en sí un acto creativo incompatible con muchas actitudes patológicas como rumiar, autoculparse, preocuparse en exceso, encerrarse en uno mismo, evadirse mediante adicciones, etc.
  •  Bailando aprendemos a ser más resilientes, es decir, a afrontar mejor las dificultades de la vida, desde un mejor conocimiento de nosotros mismos, usando nuestros errores anteriores como herramientas de aprendizaje.




¿Quiere decir todo esto que si alguien padece un trastorno psicológico se va a solucionar bailando? En absoluto, pero bailar es una actividad que nunca estará contraindicada (excepto por causas físicas) y en función de su problema, contribuirá de forma más o menos intensa a alcanzar una mejoría. De hecho, seguir una melodía con nuestro cuerpo es algo natural que acaba siendo inhibido por las normas sociales cuando crecemos: si pusiéramos a diez niños menores de tres años y a diez adultos en una habitación con música, ¿quién creéis que se quedaría quieto?

Además de todo lo que he dicho, bailar en compañía ayuda a establecer lazos afectivos o a fortalecer los que ya tenemos en un contexto lúdico. Bailad con vuestras parejas, con vuestros hijos, con vuestros amigos. Y también con vosotros mismos: en el coche, en la ducha, en la cocina, en el ascensor....si queréis convertirlo en vuestra afición os recomiendo ir a una Escuela de Danza para no lesionaros, pero en cualquier caso disfrutad de la música y recordad: si no bailáis, estáis muertos.


viernes, 22 de abril de 2016

El forense de Macondo

Diga lo que diga Wikipedia sobre incineraciones, yo siempre he sabido que Gabo estaba enterrado en Macondo. Cuando hace dos años supe que había muerto, sentí mucha tristeza, en primer lugar por no haberle podido dar las gracias nunca por todo lo que me hizo vivir, y además, porque recordé los momentos compartidos con distintas personas a causa de sus libros y fue como si también esos recuerdos tuviera que enterrarlos, como si todos esos momentos de felicidad provocados por su pluma no tuvieran "una segunda oportunidad sobre la tierra".


Mi siguiente pensamiento fue un poco macabro: imaginé al privilegiado forense que estaba en esos momentos realizando la autopsia, y en mi imaginación surgían de su septum Florentino y Fermina cogidos de la mano o sus lóbulos cerebrales lucían bajo la lámpara del laboratorio como "piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos". Yo me imaginaba a un forense con sus guantes y toda esa asepsia que conlleva su trabajo, un forense al que quizás no le gustaba la literatura, o no le gustaba el realismo mágico, anotando datos y dejando que se escaparan entre sus dedos los Aureliano Buendía, los Santiago Nasar o las Úrsula Iguarán sin ni siquiera percibirlos y me invadía una tristeza ligera pero persistente,como la lluvia de este mes de abril.

Y es que abril ha sido un mes trágico para la literatura, por eso celebramos el día del libro este mes, porque aunque todos los mortales (merecedores o no) preferimos los homenajes en vida, con frecuencia uno se tiene que morir para que lo reconozcan.
La eterna pregunta de cada mañana ante el espejo

Abril se llevó a Cervantes, cuyos huesos no han dejado reposar hasta identificarlos y clasificarlos. Pobre Miguel, el muñón más buscado de la historia. Como si saber dónde reposa nos fuera a cambiar la lectura del Quijote. Según el calendario juliano, un 23 de abril también se llevó a Shakespeare, el autor del monólogo más representado de todos los tiempos y de esa pregunta que nos hacemos cada mañana ante el espejo, sin calavera, casi siempre.

Pero aunque son los más conocidos, ellos no fueron las únicas víctimas de abril. En 1541 abril había acabado con el tragicómico Fernando de Rojas dejándonos un personaje universal y una humorística visión de la vida muy adelantada a su época. Casi 400 años después, abril castigó a Gianni Rodari por poner al descubierto el proceso creativo y entregárselo a los docentes de todo el mundo en su Gramática de la fantasía.

Comparten día con Shakespeare el Inca Garcilaso, que utilizó los recursos del invasor para dar voz a su pueblo, Teresa de la Parra, que utilizó la literatura para liberar a su propia Ifigenia y Alejo Carpentier, que nos reveló cómo llegaron al Caribe las ideas revolucionarias de El Siglo de las luces.

Cercenado por un golpe de abril, cayó también César Vallejo, sin que una vergonzosa España sumida en plena Guerra Civil, apartara de él su cáliz. Y compartiendo fecha con Gabo, abril se apropió de Sor Juana Inés de la Cruz, grandísima feminista (cuando ser feminista no era una elección sino un ejempo de vida) y mujer inteligentísima que soñó desde su convento lo que el México del siglo XVII no le permitió vivir.


Epitafio para un poeta
A otro Gabriel sacrificó abril dejándonos su poesía "cargada de futuro". En abril también se rindió a la flaca Octavio Paz prolongando tal vez en su muerte ese "laberinto de la soledad" que fueron sus últimos días.



Abril también acabó sin piedad con todas las aventuras de mi juventud lectora: viajar con los piratas de Emilio Salgari, navegar en un barco de vapor por el Misisipi con Mark Twain o naufragar para poder pasar la tarde con el Jueves de Defoe.

Y Jorge Manrique, que se hizo un sitio en la literatura clásica española por un poema fúnebre, también murió en abril.  La muerte quería leer Historia de una escalera, y caprichosamente perdonó hasta abril de 2000 a Antonio Buero Vallejo y se llevó un 28 de marzo de 1942 a su compañero de prisión, Miguel Hernández. La muerte a veces es caprichosa, pero tiene buen gusto literario.

Por fin el mismo abril ya se moría, como María Iribarne en El túnel de Ernesto Sábato, y decidió acabar sus días sumido en la belleza del Jardín de Dulce María Loynaz.




Hace ya tiempo que este aciago mes, tan favorito para los alérgicos como yo, hizo las paces conmigo porque vio venir al mundo a dos de mis hijos. Aún así, si alguno de los que leéis esto os dedicáis a la literatura, id con ojo avizor en primavera.


lunes, 18 de abril de 2016

Doña Francisquita en los tiempos del cólera

Corren malos tiempos para las artes escénicas en general, cuánto más para los géneros supuestamente menos populares, como, por ejemplo, la zarzuela. Ayer asistí a la representación de Zarzuela! The Spanish musical y durante varios días previos cuando le comentaba a un conocido que iba a ir a un espectáculo musical basado en fragmentos de zarzuela, me soltaba la coletilla "no te pega". En función de mi relación con el interlocutor, alargaba más o menos mi respuesta, quedando la mayoría de las veces en la típica contrapregunta "¿y qué me pega?, acompañada de sonrisa.

Y es que aún existen personas, muchas, por desgracia, que asocian determinados géneros musicales, literarios o artísticos a la época que les vio resurgir, a una clase social o política, o a una determinada ideología. Lo siento por ellos, que organizan su realidad artística a base de encasillados: esto es "lo que pega", esto es "lo que no pega". Tengo 44 años y la zarzuela me gusta desde que tengo edad de recordar, es una de las cosas que le debo a mi padre, que nunca dejó que su ideología política interfiriera sus gustos musicales. 

Ayer presenciamos una maravilla, mejor dicho, una Maravilla, una Chupalona, una Luisa Fernanda, un Niño judío y muchos otros fragmentos más en los que, exceptuando el descanso, no nos daba el intervalo entre uno y otro para recuperarnos de nuestra sorpresa, y cuando ya casi no nos cabía más, cuando estábamos ahítos de tanto arte, va y se nos casa Luis Alonso....Leo en el programa que el ballet que nos está dejando sin aliento es el de Producing Emotions, la compañía que produce el espectáculo. Eso mismo pienso yo: el nombre no puede ser casualidad. Los bailarines principales, Sara Chamorro y David Sánchez, nos han enamorado en La leyenda del beso, pero antes de eso el ballet nos ha sorprendido con una originalísima interpretación del Fandango de Doña Francisquita, con cambio de tercio incluido entre el ballet y la danza española, que a mí particularmente me ha encantado.


Tengo que confesar que el nombre de este espectáculo, aunque pertinente, a mí no me resultaba nada atractivo. Poner una frase en inglés para referirse a un género que es típicamente español, me parecía una paradoja. Sin embargo, gracias al anglosajón protagonista, al que uno acaba cogiéndole cariño (a pesar de su insistencia en el carácter británico del Peñón de Gibraltar), el espectáculo realiza un recorrido didáctico por la historia de la zarzuela, incluyendo datos ensarzados en el propio guión que resultan tan interesantes para el público menos familiarizado con este género como para los amantes del mismo. 

Mazurca de las sombrillas
Lo que más me gusta de la zarzuela es que es un género que explota todos los recursos y registros vocales, por eso en él los coros son tan importantes. En esta ocasión me ha sorprendido muchísimo la profesionalidad del Coro de Amigos del Teatro Calderón, que he de confesar que no conocía. Me ha parecido disciplinado junto a la orquesta, ágil en sus cambios de vestuario, versátil en las coreografías. Me han encantado la Habanera y la Mazurca de las sombrillas (el "mar de sombrilas" se veía precioso desde arriba), interpretadas por este coro.




Por supuesto, hay seis maravillosas voces que interpretan los pasajes protagonistas: Milagros Martín (fantástica Tarántula de La tempranica) y Javier Ibarz (los simpáticos protagonistas del particular viaje por el tiempo), Carmen Solís (que se luce en El gato montés), Amparo Navarro (que me encanta en La Revoltosa con Borja Quiza, olé los barítonos guapos) y Javier Agulló (maravilloso Fernando en el duo de Doña Francisquita). Gracias por todo lo que nos habéis hecho sentir.


La Orquesta Clásica Europea se encarga de acompañar estas voces o retarlas, según el caso. Sólo por la orquesta el espectáculo ya merecería venir, por escuchar la flauta travesera y el clarinete en el Preludio de La Revoltosa o el arpa en La leyenda del beso, o cómo se reparten entre arco y pizzicato violines, violas y violonchelos en La boda de Luis Alonso.

A pesar de esta fantástica orquesta, es imposible cerrar los ojos para disfrutarla, ni siquiera en los pasajes puramente instrumentales, porque los señores Daniel Bianco (escenografía) y Álvaro Luna  (videoescena) nos lo impiden. Gracias a ellos hemos recorrido el Madrid más castizo, nos hemos metido en el coso con El gato montés, hemos viajado a Cuba en transatlántico a ritmo de habanera con Don Gil de Alcalá y hasta nos han salpicado las olas en la Romanza de Leandro de la Tabernera del Puerto. Además de la belleza que emana todo el montaje escenográfico, cuando la escenografía tiene detrás un trabajo serio de documentación, el público lo nota y lo disfruta. Mientras yo me recuperaba de mi "resaca artística" en la cola del párking, la señora de delante debatía con su pareja sobre cuáles serían los trucos de Álvaro Luna. Un vestuario también magnificamente documentado pero atrevido a la vez, completaba esta escenografía con un uso del color en ambos casos que denota una enorme sensibilidad. 

Metidos en el coso


Y como se notaba que el público no se quería ir después de casi tres horas, nos despidieron con el fragmento tan conocido como indispensable de La verbena de la Paloma. Tanto aplaudir me costó un cuarto de hora más de tarifa de mi canguro.

Anoche disfruté muchísimo con este espectáculo. Siento mucho que este tipo de música sea denostada por personas que defienden su libertad pero se encasillan a sí mismos haciéndose menos libres (cualquier día alguien me va a decir que la peineta y las castañuelas son imperialistas). Todas las naciones tienen episodios más o menos avergonzantes en su historia, pero el arte nunca tiene la culpa. Gracias Producing Emotions, por producir zarzuela en los tiempos del cólera.